Por:  Melissa Roca Moreno, Politóloga. Coordinadora Nuevas Generaciones Atlántico.

Hace algunos años, cuando era muy niña y me preguntaban ¿Qué quería ser cuando grande? Mi respuesta era diferente a la de los demás niños, mientras unos soñaban con ir al espacio y ser bomberos o doctores para salvar el mundo yo pensaba en ser alcaldesa o presidenta de Colombia.

A medida que iba creciendo me interesaba más por los asuntos políticos y públicos, en lugar de coger un micrófono para cantar las canciones de RBD, yo cogía el micrófono me subía en los muebles de mi casa a pronunciar discursos, los cuales me sirvieron de mucho en el momento en que inicie mi vida política en el colegio, cuando pretendía liderar grupos de estudio por varios años, hasta que llegue al anhelado grado once y me propuse recoger la cosecha, pidiendo un voto de confianza para la personería… Y GANE!

Siempre supe que quería ser, por ende tenía muy claro lo que iba a estudiar, en el momento en el que me inscribí en la carrera de ciencia política, mis papas no estaban muy a gusto, no entendía ¿porque?… toda mi vida los había visto a ellos trabajar en política. Recuerdo perfectamente la primera clase de ‘’introducción a la ciencia política’’ en la que  mi profesor preguntaba que significaba para nosotros la política… ¡Que respuesta tan difícil…! Porque la política es ¡TODO!… entonces nos dijo, precisamente que por ser esa herramienta que regula las decisiones de todo es : polémica, dinámica, impredecible y esta tan desprestigiada. Desde ese momento siempre he pensado en que la satisfacción ciudadana es una de las mejores formas de medir la creación de valor que se la da a lo público, lo cual no es sencillo, pues son muchos los ciudadanos que escriben a las instituciones gubernamentales a quejarse sobre la prestación de un servicio, pero son muy pocos los que escriben a felicitar porque al abrir la ducha en la mañana, salió un chorro de agua, y está claro que el Estado debe ser garante de derechos, pero en mi opinión el principal error en nuestra sociedad está en no diferenciar la garantía de la intervención, por lo anterior las crisis de homogenización en la oferta de servicios y la corrupción inducida y justificada por estas prácticas.

Todos somos conocedores de la importancia de participar en escenarios de debate político, porque es allí donde se decide lo público, es decir lo que nos concierne a todos, pero pocos son los que lo hacen de manera activa y positiva. Hace muchos años soy activista en temas políticos, pero hace un año coordino el grupo de jóvenes del Partido Conservador en el Departamento del Atlántico y ha sido una maravillosa experiencia, porque he podido llegar a muchos rincones de mi Departamento y conocer las realidades de sus habitantes, además de poder contarle a jóvenes la necesidad que tiene nuestro país de que salgan a liderar procesos y que contribuyan a transformar contextos.

Cada día son más los jóvenes que se suman a esta iniciativa, una manera diferente de asumir los retos políticos para dignificar la política, hoy con orgullo puedo decir que ¡HAGO POLITICA! y trabajo a diario por la profesionalización de esta actividad, necesitamos políticos de vocación y convicción, porque esta es una profesión que requiere de la pasión y entrega para poder construir y somos las nuevas generaciones los líderes de este proyecto de transformación, para concluir quiero contarles una de las tesis que he podido resaltar en este proceso es que la credibilidad en la política se trata de una cuestión práctica, porque la política es prescriptiva o idealista y descriptiva o realista; entonces lo más importante en la actividad cotidiana es llevar a la práctica todo y solo de esta manera podremos cambiar el paradigma de los discursos falsos por realidades pertinentes y tangibles.

La política en el tiempo de la juventud, así se puede definir esta coyuntura que busca menos indiferencia y más participación.

 

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